Las preguntas de toda la semana ha sido: ¿Valdrá la pena? ¿Qué demonios hago aquí, para qué, porqué?
A una semana y dos días de haber llegado a la Capital Argentina todo se ve sin rumbo. Aunque no parece difícil, no sé por dónde empezar, qué hacer o siquiera si lo que ya estoy haciendo es lo correcto.
Comienzo a aburrirme. A tediarme estupidamente por lo que no hago y por lo que no he hecho.
En un departamento, aunque grande para los que se pueden encontrar aquí, con 4 colombianos y un paisano que ya nisiquiera habla chihuahuense, que duermen hasta la madrugada y se despiertan a medio día o que van a trabajar temprano, siempre está callado en el día, pero en la noche cuando pretendo dormir hay demasiado ruido. Gente que ya no quiere salir a 'turistear' y que ya tiene otras cosas que hacer; chicos que ya su vida está aquí. A veces siento que estorbo, que molesto, que no ayudo...
La escuela hasta ahora nada como lo creí. Error. El primer día siempre es malo, no pasa nada, o tus expectativas crecen o se derrumban. A mi, se me cayeron y se me perdieron dando la vuelta a la esquina.
Se me ha dado por pensar, malamente talvez, que no sirvo para esto, que es un sueño guajiro, que 'nomás no la voy a armar'. Otras, me da la ilusión de aprender tanto, porque sé que en México no hay nada de ésto y que puedo yo llevarlo y hacerlo parte de mi vida allá.
Me hacen falta, no mi cama, mi casa, mi trabajo o mi auto; me hace falta lo feliz que era allá, todo eso que me hacía sentirme bien. Y creo que eso va a hacer lo más difícil aquí.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario