9 de marzo de 2009

Muy pocas veces he sentido la alegria de ver a alguien más feliz o si no feliz, al menos bien. No es como esa energía que se transmite, la sonrisa que se contagia o el bienestar ajeno que se goza por instantes espontáneos. No. Esta vez, aunque se oiga egoista es como si eso bueno que le pasa a los demás tuviera consecuencias buenas en mi tambien, y no, no se siquiera cuáles consecuencias exactamente favorables pudieran ser, pero de lo que si estoy segura es que creo que es el resultado del cariño y amor que le tengo a esa gente.

Ana ya se limpió las lagañas de los ojos y se echó sus buenos licuados energéticos para querer hacer eso que le gusta pero que antes, sabrá porqué le ponía peros. Al menos ya se decidió en algo: en dejar de justificarse y hacer algo para no estancarse.

Diana sufre un momento bien fuerte, tiene el corazón destrozado pero el alma llena de valor, pidió ayuda y quiere cambiar y deshacerse de esas telarañas que le oscurecen la vista. Será mejor.

Humberto prospera y sana. Esta en paz.

José Angel esta en su mejor momento del corazón. Lo aman y ama.

Mi madre se esfuerza cada día más, comienza a hacerse más fuerte, independiente y tiene un sed insaciable de luchar y de ser mejor.

¡Que gusto!

Estoy feliz por ellos.

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